Algunas ideas nacen para vender. Otras, para conectar. La colección SAGOSKATT de IKEA logra ambas cosas: transforma dibujos infantiles en peluches reales y, al mismo tiempo, convierte cada compra en una oportunidad de impacto social.
No es solo diseño. Es creatividad llevada a producto con un propósito claro.
Diseñado por niños, desarrollado por expertos
Cada año, IKEA lanza un concurso global dirigido a niños de hasta 12 años. La dinámica es simple, pero poderosa: dibujar un personaje.
El proceso sigue tres etapas clave:

Concurso global: miles de niños envían sus dibujos desde diferentes países, ya sea en tiendas físicas o en línea. En algunas ediciones se han recibido más de 71.000 propuestas.
Selección: un jurado elige los diseños más creativos. No se busca perfección técnica, sino originalidad, personalidad y narrativa.
Producción: los diseñadores de IKEA convierten esos dibujos en peluches reales, respetando formas, colores y esencia original del niño creador.
El resultado no es un producto convencional. Es una interpretación fiel de una idea infantil llevada a escala global.
Personajes que no siguen reglas (y por eso funcionan)
Una de las claves del éxito de SAGOSKATT es que rompe con los patrones tradicionales del diseño.
Los personajes no responden a tendencias de mercado, sino a imaginación pura.
Cada peluche tiene nombre, historia y una identidad única creada por su pequeño diseñador. Eso genera algo que muchas marcas buscan sin lograrlo: conexión emocional auténtica
Más que un producto: un modelo con impacto social
Desde su origen en 2003, esta iniciativa hace parte del programa solidario de IKEA enfocado en la infancia. A través de IKEA Let’s Play for Change, el proyecto destina el 100% del valor de cada peluche vendido a programas que apoyan el derecho de los niños a: jugar, aprender y desarrollarse.
La iniciativa ha trabajado junto a organizaciones como UNICEF y Save the Children, financiando proyectos educativos en África, Asia y Europa.

Una invitación abierta a crear
El proyecto sigue creciendo y mantiene su esencia: invitar a niños de todo el mundo a participar.

El mensaje es claro: cualquier idea, por simple o inesperada que parezca, puede convertirse en algo real.
Y en ese proceso, no solo se crea un peluche. Se construye una experiencia, una historia y, en muchos casos, una oportunidad para otros niños.
SAGOSKATT no compite por ser el peluche más perfecto. Compite por ser el más significativo.
Y lo logra.
Porque detrás de cada pieza hay algo que no se puede fabricar en serie: la imaginación de un niño convertida en impacto real.
“La próxima gran idea puede empezar con un simple dibujo. Es momento de crearla.“